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"Nada podemos esperar sino de nosotros mismos"   SURda

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15-01-2013

 

 

 

 

 

 

 

Ceterum censeo Tabarius esse delendam

(ADEMÁS OPINO QUE TABARÉ DEBE SER DESTRUIDO)

SURda

 

 

Fernando Moyano



Este tipo tenía una idea fija. Era un senador romano, se llamaba Catón.

Intervenía sobre el alcantarillado de Roma, los impuestos, o el vino para la próxima fiesta. Y siempre terminaba diciendo:

¡Ah! Otra cosa, pienso que al hijo de puta de Tabaré... ¡ah no perdón!, quise decir a los cartagineses, hay que matarlos a todos, quemar la ciudad y echar sal en la tierra.

Pensaba hacer una nota convocando a luchar contra la candidatura de Tabaré Váquez. Pero con una no alcanzaría. Hay que seguir el ejemplo de Catón, que al final se salió con la suya.

La tarea que "ceterum censeo" deberíamos asumir, es una campaña política de primera importancia.

Los romanos no eran santos ni pretendo reivindicarlos, pero hay que entenderlos.

Aníbal se las tenía jurada, y sería tuerto pero no manco. Aun con un ejército maltrecho y mal armado, entre Trasimeo y Cannas aniquiló sin piedad más de cien mil romanos ya derrotados y sin defensa, incluso a 80 senadores capturados por lo cual goza de mi simpatía.

Pero no es cuestión de quienes son los buenos y quienes los malos. Las cosas que realmente importan son más sencillas que eso.

Tabaré Váquez es, en sí mismo, una figura gris e irrelevante. Pasará a la historia como un médico loco obsesionado en hacer que la gente deje de fumar. Solo la profunda chatura que padecemos pudo permitir en su momento ese "culto a la personalidad sin personalidad", atribuir poderes mágicos a un hombre mediocre,

Hay que recuperar para la cultura de izquierda que supimos forjar en este país, el democrático desprecio hacia TODOS los cultos a la personalidad, bajando de un hondazo -con el arma de la teoría social- esa perorata reaccionaria sobre los grandes líderes.

Los hechos sociales crean los fenómenos políticos, los "líderes" son unos títeres en el teatrito manejados por las fuerzas sociales en lucha. Ellos no hacen las circunstancias, las circunstancias los hacen a ellos.

Pero entonces, ¿por qué darle tanta importancia a que vuelva o no vuelva este tipo, si el programa del próximo gobierno está determinado por el poder de las clases dominantes, los aspectos estructurales de la dependencia, la correlación de las fuerzas sociales en escena? ¿No sería lo mismo Tabaré que cualquier otro agente de la burguesía en el sillón?

¿No es acaso cierto eso de que la democracia significa " que a los oprimidos se les autoriza a decidir una vez cada tantos años qué miembros de la clase opresora han de representarlos y aplastarlos " ?

¿Y qué sentido tiene que venga yo ahora con este énfasis en el problema de Tabaré , cuando sostuve y sostengo que esa vuelta es imposible , que el tipo ya cumplió su ciclo, que la burocracia frentista una vez asentada en el aparato del Estado y resuelto el problema de llegar, ya no necesita más -y además no tolera- un tiránico jefe distribuidor que acapare el control de canilla, que necesita otro estilo de liderazgo de gestión "canilla-para-todos" que Tabaré no puede ejercer jamás?

Pero sociología es una cosa y política otra. Explicar lo que pasa está bien, porque sin una comprensión racional de la realidad vamos a andar a los pochazos, como andamos.

Pero sobre ese piso de comprender lo que pasa tenemos que construir otro piso más, el de hacer que pase lo que queremos que pase : la política.

No se trata de un querer delirante -como también lo vemos a veces-; sino de una política apoyada en el piso de la realidad. Pero tampoco quedarnos a la altura del piso como espectadores o comentaristas de lo que pasa, o protestones de lo que pasa y de que no pase lo que debería pasar.

Si Tabaré no es un médico brujo que pueda curar los males sociales, tampoco es un demonio capaz de provocarlos. Es un agente ejecutor de una política clase que busca destruirnos; no es él quien crea la poíitica. Pero las fuerzas sociales que están empeñadas en terminar de destruir nuestra cultura de izquierda, quemarla, arrancar sus cimientos, echar sal en la tierra para que no vuelva a aparecer, se organizan en el eje su candidatura.

Tabaré no es comandante en jefe de ese ejército, es su mascarón de proa. Precisamente, su problemas es que no se resigna a mascarón, enfermo narcisista y además acostumbrado al papel de Gran Jefe, no se adecuará a las nuevas condiciones que le exige la burocracia frentista.

Pero su candidatura es un enorme peligro para nosotros, con profundas consecuencias sobre todo el contexto. Aunque se siente otro en el sillón, el resultado de esa lucha política y cultural no es irrelevante. Es un componente de lo que el viejo lenguaje llama "factor subjetivo", y es muy objetivo.

Dentro de la izquierda extra-frentista hay quienes piensan que nosotros no tenemos nada que ver con esto, en todo caso es un problema del Frente.

Yo me fui del Frente pero no me fui de la izquierda . Los problemas de la izquierda son nuestros problemas.

¿Qué queremos decir con "izquierda"?

La izquierda es una gran familia ideológica , más allá de los partidos, candidatos, programas, sean cuales sean, y también de las épocas. Es la cultura general de esa gran familia ideológica lo que va construyendo a la larga los partidos, y no son los partidos (al menos no cabe duda que no ESTOS partidos, alguno hubo alguna vez con sangre verdadera pero no estos) los que crean la cultura de izquierda.

La idea central que sustenta la candidatura de Tabaré es:

Para conservar el gobierno y que no vuelva la derecha, tenemos que eliminar de nosotros TODO RASTRO de nuestra condición de izquierda; las ideas de izquierda son un peligro, la identidad de izquierda también. La izquierda no puede existir, lo único que le queda es convertirse en derecha. Debe destruirse desde adentro, suicidarse como izquierda, cultivar su auto-odio, denigrarse y renegar de sí misma.

El desgaste del gobierno frentista en casi diez años, la desilusión, la desmovilización y desmoralización de lo mejor de nuestro cuerpo social, además de ser un problema para la salud de la izquierda, tiene fuertes consecuencias sobre TODA la vida social.

Imponerle al militante de izquierda, hoy desmovilizado y decepcionado, la idea de que HAY QUE RETROCEDER MÁS, es lo peor.

No hay nada peor que una izquierda muerta, autora de su propia ruina ideológica. No hay mayor peligro para el cuerpo social que una izquierda muerta, porque la corrupción masiva de sus mejores elementos que además contagian al resto, destruye la capacidad social de respuesta ante los problemas, destruye la iniciativa y la actitud crítica.

No hay nada peor para el cuerpo social que la auto-denigración de los que deberían ser portadores de los distintos aspectos de transformación social.

Una izquierda muerta es el mejor seguro para mantener la explotación capitalista e impedir cualquier lucha.

Y así, no es lo mismo uno que otro presidente frentista, más allá de que hagan lo mismo;  tampoco serían las mismas las condiciones en que lo hagan, ni las condiciones para enfrentarlos.

Lo que haga un presidente en los actos FORMALES del gobierno son solo una parte del problema, y no la más importante.

La izquierda muerta, ocupando el lugar de lo que una vez fue una izquierda, representa una tragedia histórica. Ya hemos visto el caso de los llamados "países socialistas".

Y es a eso que se refiere Galeano cuando dice: "No hay más realidad que el sueño y el que no sueña está muerto porque se vive del sueño que te mantiene despierto". La izquierda que ha perdido su sueño nunca despertará.

Nosotros no nos podemos DESPEGAR de este problema, no podemos pretender que una "frontera partidaria" nos separe de ello, porque eso sería entender menos todavía, porque, por la frustración, la bronca, la decepción, no podemos renegar de esa tarea.

Este es el tema que quiero ir desarrollando punto por punto. Ojalá salten otros compañeros a la discusión, ya sé estas ideas le rechinarán a algunos, y hay varios cabos sueltos que no puedo atar aquí.

De modo que iré tratando el tema general a partir de los temas concretos, y tomaré para empezar EL VETO PRESIDENCIAL.

Me refiero a esta propuesta de Rogelio de una Reforma Constitucional que incluye determinados aspectos de democratización de las formas institucionales de la democracia burguesa. Me parece bien.

Quiero agregar además la eliminación del veto presidencial como una reforma necesaria. Me ocuparé de ese tema en una próxima nota.

Hay que eliminar el veto presidencial.

Y además creo que hay eliminar al desubicado indecente que se atrevió a usarlo.


 
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